Neuralgia intercostal, a propósito de un caso

Algunos pacientes tras sufrir una intervención quirúrgica (cesárea, apendicectomía, abdominoplastia, mastectomía, cirugías de cadera, prótesis de rodilla, etc.) presentan un dolor a nivel de la cicatriz sin que ésta muestre signos de infección ni alteraciones visibles en su proceso de cicatrización.  

Me encontraba delante de un paciente que presentaba un dolor intenso en la zona de la cicatriz que describía como una quemazón constante que al roce o contacto con la ropa se le acentuaba aún más. En su caso la causa del dolor era clara, hacía un mes que lo habían intervenido quirúrgicamente por un cáncer pulmonar tras la cual le aparecieron sus dolores. 

Después de una intervención quirúrgica o traumatismo puede producirse la lesión o irritación de un nervio periférico y este hecho conllevar a una sensibilización anormal realzada ante cualquier estímulo mecánico, térmico o químico (roce, frío o calor, ropa...). Los médicos son conscientes que este tipo de dolores, dolores neuropáticos, son díficil de tratar y sobre todo de solucionar. En el caso del dolor neuropático no hay estrategias terapéuticas distintas según las manifestaciones que presente el paciente sino que en primer lugar se recurre a tratamiento farmacológico oral y si no responden a los calmantes orales útiles en este tipo de dolores acaban, con el tiempo, siendo derivados a la Clínica del Dolor. En otros casos se emplea la cirugía general donde desde un abordaje laparoscópico se realiza una sección definitiva del nervio lesionado ("A perro muerto se acabó la rabia"). 

El paciente de una manera o otra acaba tomando un gran número de medicamentos que, a veces, no terminan siendo efectivos y el dolor se cronifica. Por ello, teniendo en cuenta el gran consumo de medicamentos que este tipo de patología conlleva junto con los efectos adversos de los fármacos que se recetan (Lyrica por ejemplo) me veo en la "obligación" de mostrar la eficacia de la terapia neural (TN) como terapia complementaria y/o alternativa en este tipo de situaciones. Durante los años que llevo practicándola en mi consulta, los resultados nunca han dejado de sorprenderme gratamente. 

Era el mes de noviembre cuando acudió a mi despacho un hombre de mediana edad que llevaba un mes con dolor intenso en las costillas tras habérsele practicado una lobectomia del lobulo inferior izquierdo por un cáncer pulmonar. El dolor, cómo ya he detallado con anterioridad, lo describía como una quemazón constante que con el simple roce de la ropa aumentaba de intensidad, el qual no le dejaba descansar por las noches. El cirujano torácico le acababa de recetar Lyrica, la cual no había empezado a tomar aun y estaba pendiente de ser visitado por la Clinica del Dolor.

Según la Escala Visual Analógica (EVA) donde EVA 10 se considera el máximo dolor y EVA 0 la ausencia de dolor, el paciente manifestaba presentar un EVA de 5 en la primera visita. 

La primera vez que nos vimos le realizé una historia de vida completa más una exploración tanto local de la cicatriz (puntos sutura, adherencias...) como de posibles puntos gatillo (Trigger points), signo del pliegue y/o contracturas musculares sin dejar de tener en cuenta los posibles Campos interferentes1 pues con la Terapia Neural se pretende actuar sobre los factores causantes y no sólo en la consecuencia, como hacen los analgésicos. 

Cabe destacar que el paciente no acudió muy convencido de la técnica y sólo me dejó pincharle a nivel local en las cicatrices que presentaba por la intervención (lobectomia y cicatriz del drenaje), un par de pequeñas cicatrices antiguas de la espalda y el ganglio estrellado izquierdo. 

Aunque nos teniamos que ver en un par o tres de semanas fué grato recibir una llamada de el mismo pidiéndome poder volver a visitarse lo antes posible. 

En la segunda visita, sólo habían transcurrido 7 días, el paciente estaba maravillado del resultado. Habia pasado de un dolor EVA 5 a un EVA 2 en una única sesión además de encontrarse más animado y aunque aun presentaba dolor, si se tocaba o apoyaba en la zona de la cicatriz, todo había cambiado sin necesidad de tomarse ningún analgésico. 

Tanto en la 2ª como 3ª visita actué practicamente en los mismos puntos pero cabe destacar que durante el tiempo que transcurrió hasta la 4ª visita el paciente sufrió varios incidentes (después de un sobreesfuerzo al coger un gran peso y un catarro de vías altas junto con tos seca) que lo llevaron a estar unos días con empeoramiento de su dolor, todo y así manifestó que se solucionaron en pocos días. En esta 4ª visita (1 mes tras nuestro primer encuentro y 3 sesiones de tratamiento) ya no presentaba dolor, ni quemazón, podía llevar ropa ajustada además de poder dormir por las noches. Sólo tenía una molestia si se apretaba la cicatriz (EVA 1).

Normalmente, la sóla aplicación de la Terapia Neural a nivel local no acostumbra a ser suficiente para conseguir la resolución completa de la patología como puede haber pasado en este caso clínico donde ha faltado poder actuar a nivel de Campo interferente1. Si bien, es esencial respetar los deseos de todo paciente.

Por último, resaltar que esta técnica no tiene ninguna intención anestésica sino reguladora de las funciones neurales sobre los tejidos. Se trata de una técnica rápida y eficaz.

1 Dosch define el CAMPO INTERFERENTE O PERTURBADOR como un tejido crónicamente alterado (en permanente despolarización) que produce por vía neuronal afecciones y enfermedades a distancia.